
Entendiendo que hoy día asistimos a la dictadura del goce
eterno, y que la mayoría de los traumas sociales colectivos e individuales,
están representados en los deseos insatisfechos de las multitudes urbanas y
unas cuantas más rurales, pienso las siguientes líneas que toman por eje
central de la discusión las “normales” alabanzas y exaltaciones de la
maternidad que encuentro en mi cotidianidad “virtualizada” por el Facebook.
Y es que ver tantas fotos de mujeres y sus parejas
hombres, sobre todo; de mujeres y sus pronunciadas barrigas producto de
embarazos decididos, planeados, llenos de deseo, me lleva a pensar ya no en la
idea de la maternidad libre, sino en cómo cada día que pasa presencio las
felicitaciones, los aplausos, los elogios, la perfección de una vida que logra
su punto máximo con la procreación. Esta vez, quiero hablar del silencio de la
no celebración de aquellas mujeres que decidieron no ser madres, de las que
viven su vida de una manera distinta y permanecen intactas en la cotidianidad
autónoma como alternativa vital.
El silencio de la dominación encuentra eco en la
prudencia del comentario no dicho cuando una mujer asegura su soledad. Cuantas
veces he tenido que atar los cabos de quienes preguntan sonriente por edades
femeninas, por cuerpos reproductivos, por cuerpos emparejados, por vidas complacientes
vividas de a dos, y solo encuentran la simpleza de una naturaleza que se niega
a la subordinación, a la negociación?. Cuerpos en sí mismos libres que tienen
prohibido la exaltación, la felicitación de mantenerse al margen, de lo que al
menos yo, sigo concibiendo como las trampas modernas de la libertad femenina. Para
dejarlo en términos silvestres, nadie ha felicitado a las mujeres que
decidieron no ser madres y dedicarse a la tarea noble de la literatura, de la
poesía, de la enseñanza o de la contemplación de la vida.
Puede que muchas personas te feliciten por tener un buen
trabajo, por seguir una carrera universitaria y alcanzar ciertos niveles de
capital simbólico. Pero son casi inexistentes palabras directas que expresen la
gratitud por lo maravillosa que ha sido tu vida desprendida de los lugares
comunes que asignan los roles sociales impuestos a las mujeres, de los lugares
comunes y corrientes del hogar, la pareja, la maternidad, la familia. Encuentro
reacciones de asombro entre amistades y familia, pero nunca una expresión de
profunda alegría por cada una de las mujeres que a mi alrededor ha optado por
acostar la resignación y levantar la soledad.
Como excusa, este 28 de mayo de 2013, un año más para
conmemorar el día internacional de acción por la salud de las mujeres, quiero
celebrar la existencia de las mujeres saludables gracias a su soledad; de las
mujeres que gozan su cuerpo siendo este mismo morada de la libertad femenina.
Celebro a cada mujer que se mantiene al margen siempre que deba presenciar los
silencios con los cuales nos gritan las trampas de la dominación, como lo es
aún, la maternidad.
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