
Pero a casi tres años de saberme adulta, biologicamente hablando, vienen a mi los recuerdos y las reflexiones sobre una experiencia infante, aún adolescente, que lleva a perderme en recuerdos cómicos, en alegres flash-back que me recuerdan que he vivo como he querido, con la intensidad de quien no espera que la vida le pase re-transmitida, sino que se sambuye en el mar de alegrías y contradictorias melancolías que nos mueven como olas a la orilla de, siempre, renovadas aventuras.
Hoy cuando soy consciente de mi edad, y vuelven las anecdotas de las mujeres que atravesaron el umbral de los 30, puedo decir que estoy tranquila, satisfecha. Que aún estan en dudas las responsabilidades de la adultez, que aún están en duda la maternidad, la compañía permanente, los trajes formales y los horarios de oficina. Aún estan en dudas los tacones y los peinados, aún estan en dudas las visitas familiares y aún estan en dudas los proyectos comunes y corrientes.
Siento que aún queda mucho por gritar, por correr, aún queda mucho por lo cual escapar, explorar. Me siento ahora, en un cuarto frío en la puerta de los andes donde alimento mi alma y mi intelecto, y pienso: sigo siendo libre.
Mi mundo sigue estando felizmente al revés, sigo nadando contra la corriente y las pistas de las madres simbólicas me siguen guiando. Sigo desordenándo mi cosmos y él me responde sabiamente. Sigo atendiendo los señuelos en mi misma. Soy.